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Cuando hablamos por lo general de un excelente equipo de trabajo, nos viene a la mente la imagen de un grupo que se maneja de manera casi perfecta, que alcanza o supera los resultados deseados, donde todos se entienden y sincronizan de manera sinérgica. Pero, ¿por dónde empieza el camino para lograr ese conjunto extraordinario? Indudablemente en el trabajo individual de cada uno de los miembros que integran el equipo. Empieza cuando yo, como integrante, me concentro en hacer primero la tarea que me encomendaron de manera extraordinaria y perfecta, antes de empezar a ver o juzgar lo que hacen los otros. Es imposible dar mi 100% al equipo, si estoy permanentemente orientado hacia fuera o pendiente de lo que hacen o no mis compañeros.

Un equipo de alto rendimiento trabaja sobre las fortalezas de cada uno, sobre lo que mejor puede aportar cada integrante, y para ello es necesario que nos sintamos cómodos en el lugar que nos corresponde, ya que eso es lo que facilita que pueda utilizar mis talentos y la tarea sea hecha de manera impecable y excelente. No importa el lugar que ocupe en el equipo, el reto es hacer lo que tengo que hacer extraordinariamente bien, para que de esta manera el otro, que depende de mi trabajo, tenga la certeza de que obtendrá lo mejor. Ser conciente de esta actitud es el primer paso para formar un equipo.

La película “300”, que cuenta una parte de la historia de los espartanos peleando contra los persas, nos muestra cómo desde niños se les enseñaba a los guerreros el concepto de ser parte de un equipo. Les decían: -“Dale al compañero que tienes al lado “respeto y honor” y eso mismo él te devolverá”. Y creo yo, que el respeto que debemos darle, empieza con la impecabilidad de nuestro trabajo. Esa es una enseñanza clave para formar un equipo exitoso; aprender a dar al otro todo lo que necesitamos también nosotros.

Es siempre mucho más fácil encontrar cosas que nos diferencian de los demás, que cosas que nos unen, sin embargo son muchas más las cosas comunes que compartimos todos los seres humanos (sentimientos, anhelos, temores, emociones, vulnerabilidades frente a ciertas situaciones), y eso es lo que debemos encontrar y compartir, ya que si todos nos sentimos en igualdad frente a algunos temas, es más fácil construir y llegar a los resultados.

El poder aprender a dialogar unos con otros, en profundidad, con autenticidad y con mucho respeto a las diferencias, vinculados por la confianza y el afecto es lo que en definitiva contribuye a llevar a un equipo a su más alto rendimiento.

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