Liderazgo-generativo

El liderazgo es un tema bastante frecuente en seminarios, webs especializadas, cursos sobre la gestión del talento humano y desarrollo personal. Su importancia es ampliamente reconocida en casi cualquier área pues de él depende el logro de las metas individuales y organizacionales. Son muchas las interpretaciones que rodean la temática, pero hay una que supone un cambio trascendental en la forma de abordarlo y es el liderazgo generativo.

En Paraguay es poca la frecuencia con la que se escucha el término liderazgo acompañado de la palabra “generativo” y no es de extrañar, pues a pesar de la importancia que significó el acuñar este término hace algunos años, no todos han escuchado hablar de ello. El mismo supone ver a quién lidera y a quienes son liderados como seres humanos y que a causa de esto, sus acciones están ligadas a sentimientos y emociones que no pueden ser ignoradas.

Lo generativo va más allá del ser un espectador

Cuando se le incluye el apellido “generativo” al liderazgo, se está haciendo referencia a que el mismo no solo puede ser observado, sino ejecutado, es decir, el liderazgo no solo se evidencia en otros sino que puede ser ejecutado por uno mismo, partiendo de la premisa de que todo lo que genera valor nace de las personas y no de la nada. Es un liderazgo que propone un concepto más inclusivo, que motive a la acción.

Las acciones que cada quién realizan tienen un valor, genera un resultado y produce satisfacción en quién ejecuta y en quienes observan, esto cambia la acción de liderar en sí misma, incorporando las emociones que van ligadas a cada acción. Aunque el concepto no incorpora todos los aspectos del liderazgo, si que acoge lo medular del proceso de liderar que es el afectar a otros, comprometerlos con la acción también.

Las acciones de un líder generativo

Los líderes generativos anuncian futuros que comprometen a otros y para esto se valen de las emociones, pero para lograr un nivel de compromiso elevado, el líder desarrolla su capacidad de hablar para que otros le escuchen y también de escuchar para identificar problemas. Ambas acciones le permiten conjugar intereses que terminan por generar un compromiso mutuo donde entra en juego la relevancia y el poder de decisión sobre lo que verdaderamente le importa a los demás.

Hablar y escuchar forman parte de la “anatomía de la acción”, que incluye las conversaciones que generan compromiso y su relación con el tono emocional que cada quién le da a la acción. Esto quiere decir que para cambiar los resultados actuales, deben cambiar las conversaciones, compromisos y acciones del futuro.